LA CLAUSULA SUELO

Las “cláusulas suelo” (limitativas de la variabilidad del tipo de interés sólo a efectos perjudiciales), desconocidas hasta hace menos de dos años, son parte del debate público. Ello implica que personas ajenas a profesiones jurídicas, valoren y opinen sobre esta cuestión. Por un lado, esta nueva actitud conciencia de la problemática, pero, por otro, difunde opiniones que necesitan algunos matices.

3045991481_63bc1c10ca_zPhoto by: Lali Masriera

Es objeto de este breve artículo es desmentir dos opiniones de origen popular.

  • La primera opinión considera que sólo puede reclamarse la supresión de la cláusula suelo, pero no el reintegro o devolución de lo que la Entidad haya percibido por razón de la cláusula suelo desde la firma del contrato de préstamo.
  • La segunda considera que sólo los particulares y no las empresas pueden reclamar la supresión de la cláusula suelo y el reintegro de las cantidades adquiridas por la Entidad de forma abusiva.

Es lo cierto, en cambio, que puede reclamarse, además de la supresión de la cláusula suelo, el reintegro de la cantidad que en base a la misma ha sido “pagada de más”. Y también debe afirmarse que las empresas prestatarias (deudoras) pueden, igual que los particulares, reclamar por dichas dos causas. El desajuste entre la opinión popular y la jurídica se debe a que el “estado de la cuestión” ha evolucionado mucho y muy rápidamente.

  • Se partía de una posición en la que no era posible cuestionar en ningún caso la cláusula suelo, porque era legal según una Orden ministerial en todos los casos, y se erigía en un elemento configurado del contrato, como es su precio. Bastaba para su validez, su inclusión en la oferta vinculante cuando ésta procediese.
  • Se produce una ruptura con esta tradición, por la sentencia de 09/05/13 del Tribunal Supremo, que ha dado a conocer el problema y lo ha resuelto en parte, según la cual la cláusula suelo se declara nula y abusiva en determinados casos, estableciendo judicialmente el “doble control de transparencia”, a la luz de la legislación de “condiciones generales de la contratación” y “de protección consumidores y usuarios”. La referida sentencia define su alcance “irretroactivo” y centra su contenido en la protección de los consumidores.
  • Continúa la evolución en sede de los Juzgados Mercantiles, cuyos últimos pronunciamientos (en Barcelona –vencido bajo la defensa de este Despacho–, en Sevilla, en Málaga), entienden que procede además reintegrar las cantidades pagadas por razón de la cláusula suelo y que las empresas pueden así mismo reclamar, aunque no sean consumidoras en sentido jurídico (sobre todo ante situaciones flagrantes –caso de Barcelona–, cuando la Entidad ha exigido que el administrador de una empresa familiar en quiebra, con un solo trabajador que la administra, sea fiador del préstamo con cláusula suelo).

Dicha evolución –tanto en qué se puede pedir (supresión y reintegración), como respecto quién puede pedirlo (particulares y empresas)– no representa una mera re-interpretación de la sentencia del Tribunal Supremo, sino un progreso jurídico en aras de una mayor protección de cualquier contra-parte de las prácticas bancarias. En efecto: si una cláusula es nula, es como si no hubiese existido, siendo que la Entidad bancaria no puede beneficiarse de una abusividad creada por ella misma o sólo no beneficiarse de la misma desde que se ha destapado la abusividad. Por lo mismo, la nulidad de una cláusula depende ante todo del contrato, más que del contratante, y es por ello que en principio la cláusula suelo es tan nula ante un consumidor particular, como ante una empresa.

Todavía queda mucho trabajo por hacer en la depuración de los contratos bancarios firmados antes y durante la crisis financiera.

Escrito por: Carlo E. Gervasoni

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