Asumir deudas de la Sociedad de Capital

En cuanto la responsabilidad por deudas de las sociedades de capital, podemos hablar de una regla general de su limitación y de varias excepciones en que la responsabilidad se convierte ilimitada. Esta modulación de 1911 CC responde a un proceso de abstracción hacia la «limitación de la responsabilidad», aunque perdiendo por el camino algunos de los fundamentos materiales de la ley.

2630539049_37e633c709_zPhoto by: c_ambler

Establece el art. 148 del Código de Comercio, referente a la «sociedad comanditaria», dos regímenes: el régimen de los socios colectivos, que pueden administrar (en todo caso, quien administre será socio col • lectivo, art. 252 de la Ley de Sociedades de capital), responden il • limitadamente (todos los socios colectivos, Sean o no gestoras de la compañía en comandita, quedarán obligados personal y solidariamente a las resultas de las operaciones de ésta), mientras el régimen de los socios comanditarios (que tienen prohibido administrar) sólo responden de la reserva inversión (la responsabilidad de los socios comanditarios por las obligaciones y pérdidas de la compañía, quedará limitada a los fondos que pusieren o se obligaren a poner en la comandita.Los socios comanditarios no podrán hacer acto alguno de administración de los intereses de la compañía, ni aun en calidad de apoderados de los socios gestores).  El fundamento material es patente: el socio «irresponsable» (entendido como aquel que puede generar unas pérdidas mayores de la inversión efectuada, que en ningún caso responderá personalmente) no puede administrar, mientras que el socio «responsable» (que responde con el su propio patrimonio) sí puede administrar. No comprendía, en efecto, el legislador novecentista que el socio sin responsabilidad pudiera actuar en el tráfico mercantil, porque implicaba una ventaja excesivo, además de un riesgo de «mala gestión».

Tenemos el paradigma opuesto, previsto desde hace relativamente poco, que es el de la sociedad de capital unipersonal (por constitución, no por supervención) en que el socio único es otra sociedad de capital de responsabilidad ilimitada (art. 12. a in fine de la Ley de Sociedades de Capital). La única condición de fondo, para validar esta forma societaria, es la publicidad del socio único en el Registro Mercantil. E incluso puede operarse durante seis meses sin esta publicidad, siendo el socio único irresponsable por «sus» actos (dado que puede ser administrador), si durante estos seis meses se inscribe esta circunstancia al Registro (art. 14 del mismo cuerpo legal: transcurridos seis meses desde la Adquisición por la sociedad del carácter unipersonal sin que esta circunstancia se hubiere inscrito en el Registro Mercantil, el socio único responderá personal, ilimitada y solidariamente de las deudas sociales contraídas durante el periodos de unipersonalidad). Como se ha dicho, dos paradigmas opuestos.

En el actual sistema económico, podemos sin embargo hacer dos afirmaciones: dado que las sociedades de capital, respecto las civiles, tienen una mayor capacidad de endeudamiento, también tienen una mayor fuerza expansiva y de crecimiento, con la correlativa incidencia en sus beneficios y ganancias. Atendiendo a la capacidad de generar ganancias, pese a la «irresponsabilidad» respecto las deudas asumidos, lo cierto es que los Bancos han preferido históricamente financiar sociedades de capital y no civiles. Llegamos, por este sendero, a una conclusión desoladora: el capital social nunca ha hecho, seriamente, de garantía de la actividad social, sino las perspectivas de ganancias futuras y hipotéticos, unidos a la capacidad de pago -abstracción hecha de la solvencia actualmente.

Ciertamente hay varias excepciones a la «irresponsabilidades» de los socios y administradores de las sociedades de capital (entre otros, arts. 37.2, 39.1, 73, 236 y 367 LSC). Son casos de quebranto, de errores, de negligencias, incluso de actos dolosos, que hacen que los socios y los administradores pasen a responder con sus bienes, con límite a lo que estaba previsto y pactado, o incluso sin límite. Son casos, como se ha dicho al principio, excepcionales.

Pero la crisis ha demostrado que hay otro caso relevante, y no tanto excepcional, en el que cede la responsabilidad limitada de la sociedad -unida a la irresponsabilidad de sus socios o administradores- y convierte ilimitada. Cuando la sociedad ya no tiene capacidad de generar beneficios, y su actividad económica no es in una garantía suficiente, manteniéndose su capital social en el límite legalmente exigible, los Bancos exigen volver al paradigma novecentista, transformando, a efectos prácticos, la sociedad de capital en sociedad civil. En efecto, cuando el administrador o socio, sobre todo en sociedades pequeñas y familiares, fianza solidariamente una obligación de la sociedad -cuando quizá su patrimonio es notoriamente inferior a la obligación garantizada personalmente-, o hipoteca su casa por una obligación de la sociedad -cuando eventualmente este inmueble es el único patrimonio del administrador o socio, se quebrantos su «irresponsabilidad», derogando la autonomía de la voluntad las reglas esenciales del derecho de sociedades, tal vulnerando la ley de protección de consumidores y planteando una desigualdad radical entre acreedores.

Ahora es cuestión de valorar cuáles son los umbrales de la autonomía de la voluntad y si estos umbrales aceptan que el aseguramiento de ciertas obligaciones se haga por socios con carácter de consumidores y sobre sus propios bienes, en perjuicio de los demás acreedores.

Escrito por: Carlo E. Gervasoni

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